Somos dos estudiantes de primero de bachillerato, a las que en un alarde de confianza en sí mismas les dio por meterse de cabeza en el científico. Ahora, pasados seis meses vagamos por los pasillos pensando originales formas de suicidio. Eso entre clase y clase, en ellas nos dedicamos a dibujar monigotes que representan bastante bien la vida del estudiante de ciencias.
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